Orquesta ErranteLlovizna. Las calles de San Telmo están muy iluminadas, las viejas baldosas de la calle Moreno están mojadas y casi no hay quien las pise. Sólo alguna que otra persona apura el paso buscando algún techo donde evitar que el agua lo alcance.

En la gran vidriera se puede leer el cartel que reza “Bebop Club”. Escaleras hacia el subsuelo, mullida alfombra roja y una recepción “buenas noches, adelante”. Cortinas grandes y pesadas separaban los ambientes.

Al ingresar, el salón nos remite a otra época y otro lugar. Tal vez Nueva York, maybe Chicago. Con mesas redondas y una diminuta lámpara en el centro de cada una de ellas, que intentan colaborar con las tenues y cálidas luces.

Suenan grandes músicos de jazz en los parlantes, pero lo mejor estaba por llegar. La Orquesta Errante, big band dirigida por Valentín Reiners, presentaba su primer disco “Orquesta Errante” ante un publico sereno y ansioso de buena música.

Empezar por el final y terminar por el principio fue la consigna, ya que el primer tema que sonó fue “D-Tales” (última canción del álbum) y la velada fue coronada por “Petralia”, una marcha melancólica y suave.

Tras “D-Tales”, llegó un excelente encadenado de cinco melodías: “Longus Terra”, “Mondo Aqua”, “Off Wash”, “4008” y “Oscureciendo”, donde todas las secciones lucieron coordinadas, con un sonido uniforme y prolijo.

Casi cerrando el concierto, “Dosha Vata” levantó al público con un gran ritmo y mucho swing. Con la sección de metales a pleno sonido, en manos de los trompetistas Jorge Fleitas, Leonel de Francisco y Sebastian Greschuk y los trombonistas Franco Espíndola, Mario Alvarez y Francisco Salgado.

Todos los músicos se lucieron. La madera, que ocuparon los saxos altos de Emmanuel Farmin e Ingrid Feniger, el tenor de Juan Torres y el barítono de Pablo Moser, así como la rítmica que encontró sentado al piano a Ignacio Hurban y en la batería a Pablo Díaz, y que tuvo en el contrabajo a Mauricio Dáwid y en la guitarra a Esteban Landoni.

Con una mayoría de jóvenes músicos (muchos de ellos eran veinteañeros), la Orquesta Errante demostró que no hace falta ser un adulto de muchos años de trayectoria para sonar como una verdadera big band. De aquellas que sonaban en la lejana Estados Unidos de los años ’30.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com