Keith Jarrett, un maestro en convertir la improvisación en arte

Cómo al 90 por ciento de la música que escucho, a Keith Jarrett llegué de la mano de Mario Pergolini. Más de una vez lo mencionó en su programa de radio y eso hizo que sin mediar muchos días me dirija a Zivals, la clásica disquería de Callao y Corrientes, en busca de algunos de sus cd´s.

Hasta el día de hoy recuerdo ese box celeste que contenía seis cd´s en donde estaban registradas las grabaciones completas de los conciertos dados en el mítico Blue Note.

La ecuación costos – ingresos de aquellos años hizo que no me los compre. Y luego, con el fin de la convertibilidad mediante, no los vi más.

Y así pasaron los años, y cada tanto, volvía a resonar en mi cabeza Jarrett, ya sea por una nueva mención de Pergolini, o simplemente al pasar por delante de Zivals y entrar con la esperanza de volver a encontrar aquel esquivo “box set”.

Pero, aunque suene a viejo, las vueltas de la vida me iban a volver a juntar con Jarrett. Hace casi tres años y medio atrás, a mi vieja le regalaron “Purgatorio”, la novela póstuma de Tomás Eloy Martínez quien describe como nadie a Keith Jarrett. Y como corresponde, reconociendo mi incapacidad de escribir algo mejor sobre el pianista, tomo prestado los siguientes párrafos:

“Simón revolvió el equipaje, tomó un grabador de bolsillo y pulsó el play. Del aparato fluyeron, imperfectos por la mala calidad del registro, unos pocos acordes, muy simples, tocados con extrema pureza, que no se parecían a ninguna otra música de este mundo.

Cuando estoy solo, la improvisación de Keith Jarrett me excita. Con vos tendría que excitarme el doble.

Es bellísimo, aprobó Emilia. ¿Está improvisando, dijiste?

De principio a fin.

Demasiado perfecto. Debía de tener la melodía en la memoria.

No. Ése fue su hallazgo. Jarrett se presentó a tocar en la Ópera de Colonia sin la menos idea de lo que iba a hacer. Estaba cansado después de una semana de recitales continuos y para él mismo fue una sorpresa que la música le llegara en oleadas. Hasta entonces había sido un gran solista de jazz, pero a partir de esa noche construyó un género único. Su música es un continuo, un absoluto. Las toses en la sala, los crujidos del instrumento, nada está preparado. Quizá Bach o Mozart crearon galaxias parecidas, armonías improvisadas que ahora navegan en la noche de los tiempos, pero nada ha sobrevivido. Por eso jarrett hizo algo que no volverá a suceder. No con las mismas notas, no de esa manera. Su noche en la Ópera de Colonia no podrá repetirse jamás. Ni siquiera él mismo podría hacerlo. Es un concierto fugitivo, nacido para vivir y morir en ese instante. Se convertirá en un lugar común, en una vulgaridad para enamorados como nosotros, y la especie humana seguirá necesitándolo.

Estaban tendidos en la cama, desnudos, relajados. A los siete minutos, Jarrett se puso a gemir, como si estuviera cogiendo con el instrumento. La verga de Simón seguía impasible.

Dejame que te abrace, dijo Emilia.

Siguió acariciándolo con una mano mientras, con la otra, se acarició a sí misma lentamente. Al poco rato, junto con Jarrett, soltó un gemido”.

Obviamente, me apuré a terminar el capítulo, y tal como hice unos años atrás volví a Zivals con la decisión de comprarme “The Köln Concert”. En el subte pensaba que, por ahí, el cd no estaba o que costaría carísimo. Cuando llegué lo tomé y fui directo a la caja. Una vez en mi casa fue poner el cd en el equipo para luego saber que pocas melodías que iba a escuchar en el resto de mi vida me iban a conmover tanto como el famoso Concierto en la Ópera de Colonia de Keith Jarrett.

Seguramente a los lectores de este blog les importará conocer un poco más sobre Jarrett. Les puedo asegurar que con la magnífica descripción de Tomás Eloy Martínez tienen todo lo que necesitan saber, o aún más.

Aunque pensándolo bien, el músico y crítico Ian Carr, biógrafo de Jarrett también supo describirlo de manera impecable. Carr aseguró que en el mundo del jazz hay dos clases de trayectorias: están, por un lado, los músicos como Charlie Parker, es decir vidas que se consumen rápidamente al ritmo de una contribución incandescente; y músicos como Duke Ellington o Miles Davis, cuyas carreras se despliegan lentamente en un proceso con varias facetas. Carr llega a la conclusión de que la trayectoria de Jarrett tiene la intensidad del primer grupo y la durabilidad del segundo.

Hernán Gilardo

1 Comentario

  1. Muchas gracias a Animales del Jazz y sobre todo a Gonzalo Chicote que me permitió participar del blog. Lejos de ser una “pluma maravillosa” sólo me di el gusto de escribir sobre uno de los músicos más brillante de la historia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *