Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Con las cuatro extremidades siempre listas para atacar a los bombos, redoblantes y platillos, Gene Krupa se convirtió en un músico ineludible a la hora de hablar de bateristas de jazz.

Su forma de tocar se caracterizó por llevar el tiempo con principalmente con el redoblante y marcar el ritmo a dos tiempos con el bombo.

Inició su carrera musical en Chicago, su ciudad natal, en el año 1927 de la mano de la orquesta Thelma Terry and Her Playboys.

Llama la atención que, pese a pertenecer a la banda de Terry, sus grabaciones con el grupo no llegaron hasta 1928. Incluso, aún en 1927 tuvo posibilidad de registrar varios temas junto a Eddie Condon, que representaron su primer disco.

No obstante, en las grabaciones de esa época se puede encontrar a un baterista común y corriente, con un estilo que no sobresalía de lo normal. Eso, por la simple razón de que la batería quedaba relegada al conjunto.

Pero la cosa cambió cuando Krupa se unió a Benny Goodman en 1934.

Y esto fue así debido a que su rol dentro de la big band fue determinante. Muchos se animan a afirmar que si Gene no hubiese formado parte de la banda, el tema “Sing, Sing, Sing” no hubiese sido el mismo.

Por aquella época, junto con George Wettling y Dave Tough, formó parte del acotado grupo de bateristas del género que se conoció con posterioridad como el “estilo Chicago”.

Y no sólo eso. Fue uno de los estandartes del Swing de los años 30 y el primero en utilizar el bombo en la grabación de un disco.

Tal como lo explica Joachim Berendt en su libro “El Jazz – de Nueva Orleans al Jazz Rock”, “antes se solía renunciar a esta base del conjunto rítmico, ya que existía el peligro de que a consecuencia del potente sonido del bassdrum saltara la aguja grabadora de las matrices de cera”.

Otro de los éxitos que se le atribuye es estar, junto a Chick Webb, en la primera línea de los “drummer leadeis” -jefes de bandas- cuyo instrumento era la batería.

Luego del éxito del Carnegie Hall en 1938, Gene decide formar su propia banda junto a Roy Eldrige y Anita O’Day, con quienes compartió un gran éxito.

Su retiro llegó a finales de los años 60, pero en su haber dejó magníficas grabaciones y apariciones en varias películas. Una de ellas fue en el film Ball of Fire donde toca el éxito musical Drum Boogie.

Pero también participó en The Glenn Miller History, donde se dio el gusto de compartir el escenario, nada más y nada menos, que con Louis Armstrong.

La muerte lo alcanzó el 16 de octubre de 1973 en la ciudad de Nueva York. Aunque su música sigue en el recuerdo caliente de “Sing, Sing, Sing”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com