El ángel endemoniado

Es difícil llamar “ángel” a una persona que pasó gran parte de su vida dentro de un infierno.

Sin embargo, cuando Chet Baker cantaba o tocaba su trompeta, despertaba el alma de quienes lo escuchaban y nombrarlo de esa manera es, tal vez, lo más adecuado.

Nacido en el año del Crack de Wall Street, este personaje oriundo de Yale (Connecticut – Estados Unidos) supo ponerse en problemas desde temprana edad. Tantos dolores de cabeza les generaban a sus padres que decidieron enviarlo al ejército con sólo 16 años.

No obstante, Baker supo aprovechar su tiempo en la milicia para hacer lo que más le gustaba: tocar la trompeta. Aquel instrumento fue, sin dudas, su primer y verdadero amor.

Decidido a ser músico, en 1948 se inscribió en “El Camino College”, aunque sus verdaderos avances fueron como autodidacta. Tan escasos fueron los conocimientos adquiridos que, hasta el fin de sus días, Chet nunca supo leer una partitura.

Incluso, uno de sus antiguos profesores se sorprendió tanto al enterarse de que había grabado un disco, que le envió una carta donde le decía “felicitaciones, nunca creí que podrías hacerlo”.

Tenía el talento innato de lo genios. El ángel del espectáculo se posaba sobre él cada vez que subía a un escenario. Fue conocida la anécdota que cuenta que Charlie Parker juntó a Miles Davis y a Dizzy Gillespie para advertirles que “hay un blanquito por aquí dando problemas, mejor vigílenlo”. El mismo Bird fue quien lo acopló en su banda en 1952 y colaboró con su ascenso musical.

Ese mismo año, sería el turno de acompañar a Gerry Mulligan en su quinteto. Pero el sueño duró poco: el líder de la banda fue preso por el consumo de drogas.

Se puede decir que en la vida de Baker las drogas fueron el transporte al infierno. Y, si bien el pasaje lo utilizó otro esta vez, las noches del Haig no fueron lo mismo sin el mejor saxofonista de 1952 -según la crítica norteamericana-.

Ante la adversidad, sin embargo, el James Dean del jazz supo sobrellevar el asunto y formó el “Chet Baker Quartet” en 1953.

Pero el diablo siempre pone la cola y, en el verano de 1960, fue detenido en Italia y tuvo que cumplir una condena de casi un año y medio. Había comprado el ticket que lo llevó al submundo.

Su regreso al escenario fue celebrado por el sello RCA con la grabación de un disco en 1962. El nombre de aquél álbum no podía ser más exacto: “Chet is Back!”.

Y, aunque parecía que la vuelta era definitiva, el vendedor de boletos al subsuelo se presentó ante Baker nuevamente. Otra vez, las drogas causaron estragos en el trompetista: en esta oportunidad, el costo fue, literalmente, su dentadura.

Hay varias versiones al respecto. En la de Baker fue un intento de robo lo que produjo que cinco matones lo golpearan hasta producirle la pérdida de sus dientes.

Sin embargo, otra versión que circula es que el verdadero problema fue haberle fallado a una persona de esas a las que no hay que fallarle, porque se pone en riesgo la propia vida en ello.

El ajuste de cuentas fue muy caro para Baker: la pérdida de sus dientes le imposibilitó tocar durante unos seis largos años. Así, el trompetista se convirtió en despachante de nafta en una estación de servicio.

Lo cierto en todo esto, fue que tuvieron que pasar un largo período desde aquel sombrío 1966 para que Chet vuelva a tocar. Y fue de la mano de un viejo conocido: Dizzy Gillespie, que fue quién se encargó de conseguirle un lugar para presentarse en 1973.

Pero se sabe: cuando se opta por un camino, es difícil abandonarlo. Sobre todo, si ese camino es el de las adicciones. Hizo varios intentos, incluido uno con metadona, para evitar caer. Pero fueron en vano. Y las marcas fueron cada vez más notorias. En su voz, en su rostro. El joven sexy del jazz se había convertido en una pasa de uvas. Su rostro era un pergamino. Aunque su ángel seguía intacto.

En 1987 se presentó en Tokio y dejó un hermoso registro del tema My Funny Valentine, una de las canciones que más le gustaba tocar:

El final fue, tal vez, predecible. Nadie hubiese arriesgado un desenlace diferente. Fue el 13 de mayo de 1988, en una remota Ámsterdam, en misteriosas circunstancias cuando le tocó viajar una vez más al infierno. Aunque esta vez fue para quedarse.

Ese hecho cerró su historia y dio nacimiento al mito. Al menos, así lo reza una placa en la capital holandesa: “él vivirá encendido en su música para cualquiera que quiera escuchar y sentir”.

Gonzalo Chicote

1 comentario

  1. Nuncio del Mar

    Imposible no dejar un comentario sobre Chet Baker…tremendo animal del jazz…yo llegué a él gracias a Bobby Flowers hace ya varios años…Desde entonces cada vez que ando medio loco con temas personales, laborales o otras yerbas Chet forma parte de una fórmula secreta que -ahora- deja de serlo:

    1) Poner esta melodía digna del paraíso: http://youtu.be/Q0ZBaZoBCaA

    2) Bajar un poco las luces, buscar el sillón más cómodo de la casa y…

    3) Manotear la botella de Jack Daniels….

    PD: dejá los impuestos pibe, rompela con esto…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *