Emanuel Brusa es un músico que toca el clarinete y el trombón y comanda (junto a Bruno Varela) una banda de jazz que se llama “Artistry Big Band”. Sin embargo, la música parece que le pidió más y él obedeció gustoso.

Por eso, en 2011 formó otra agrupación, el “Quinteto Famoso”, junto a Román Peusner (violín), Diego Fagalde (guitarra), Roberto Seitz (contrabajo) y Hernán Gnesutta (batería). Luego sumó al trompetista Julián López di Muro, un viejo conocido de la Artistry. La banda cosecha dos álbumes: “Quinteto Famoso” y “El Enano Repetitivo”.

No es el primer músico de jazz que también dedica su tiempo a otros proyectos que están alejados del género. Uno de los ejemplos puede ser el pianista Esteban Sehinkman que con “Pájaro de Fuego” incursionó en el world music.

Pero algo queda claro en todos los casos: no se puede abandonar definitivamente el jazz. Y es por eso que, aunque en escancie a la música de la banda de Brusa no se la puede encuadrar estrictamente allí, se pueden encontrar algunos aspectos característicos.

Tal como lo explicó Emanuel en una entrevista con Animales del Jazz, hay dos rasgos que pueden encontrarse rápidamente en algunas de las canciones de su autoría: la libertad del fraseo y la improvisación.

“El Quinteto tiene características de grupo de cámara, pero con la diferencia de que a la hora de unificar criterios en cuanto al fraseo, los ataques y muchos de los aspectos que se tienen en cuenta a la hora de hacer música de cámara, no lo hacemos desde una perspectiva ‘clásica’. Si no que tratamos de escucharnos, imitarnos, sorprendernos”, aseguró.

En cuanto al segundo aspecto, señaló que “también tomamos del jazz la improvisación, como en el final del tema ‘Luego del otoño’. Creemos que a cualquier amante del jazz le podría gustar nuestra música, por su frescura y espontaneidad”.

“La inspiración de esta música llega por las ansias de ser libres y tocar la música que se nos cruza por la cabeza, sin preocuparnos por el rótulo que se le pueda poner, o por satisfacer a un auditor conformista”, puntualizó.

Sobre todo, la idea de la agrupación es sorprender a los oyentes. Al respecto, explicó: “Queremos que el que nos escucha al principio se pierda un poco, pero que poco a poco encuentre coherencia y placer estético”.

Esa repetición
Tras un primer disco registrado en 2012, los músicos dieron nacimiento al segundo álbum que fue registrado en el 2014 pero recién vio la luz este año y que contó con la colaboración de la cantante Ayelén Zuker y la cellista Belén Echeveste.

La elección del peculiar nombre, según Brusa, fue “porque es el nombre de uno de los temas del disco que más nos gusta”. Y aclaró que “el tema se llama así ya que está hecho en base a un motivo insistente y repetitivo, que podría asignársele a una persona de baja estatura, que además nos imaginamos medio fachista y mala onda”.

Ahora bien, ¿con qué pueden encontrarse los que escuchan “El Enano Repetitivo”? El músico dio una pista: “Podríamos decir que hacemos música ecléctica, o como diría el bandoneonista Federico Siksnys, música transgénero”.

Pero la clave, por sobre todo, es la variedad. “Vivimos en la gran ciudad, tenemos demasiados estímulos visuales, culturales, musicales. Nuestra preocupación es darle coherencia a ese crisol musical”, sostuvo.

Los diez temas del álbum transporta a los oyentes por distintos géneros, desde la música clásica al klezmer, pasando -inevitablemente- por el jazz. Y, aunque como reconoció Brusa puedan perderse un poco al principio, el resultado final es sólo uno: satisfacción.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com