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“Entonces qué?”, el primer álbum argentino del saxofonista holandés Frido Ter Beek

Frido Ter Beek nació en Holanda y desde chico mostró interés por la música. Primero fue la flauta dulce, luego el piano y más tarde la percusión. Pero su encanto por el jazz, el jazz rock y los ritmos más cercanos al funk lo convencieron, a sus 17 años, de pasar al saxo. Y la confirmación de que su camino era el correcto llegó de la mano de los vientos de la agrupación del legendario baterista Art Blakey. “Una noche en la tele dieron un concierto de Art Blakey and the Jazz Messengers, con Bobby Watson y Bill Pierce en saxos. ¡Me quedé convencido al toque!”, afirmó el saxofonista en una entrevista exclusiva con Animales del Jazz.

La primera vez que pisó suelo argentino fue en 1993, cuando brindó una serie de conciertos en la en la Ciudad de Buenos Aires (incluido el Salón Dorado del Teatro Colón) y Mar del Plata junto al cuarteto de saxos Kohinoor. De aquel viaje recuerda su encuentro con varios músicos de la talla de María Noel Luzardo, Mario Cosentino y Salvador Ranieri.

Un par de años después volvió al país sin imaginar lo que le depararía el destino: conoció Yamila Bavio, una saxofonista que se terminó convirtiendo en su actual esposa. Viajó varias veces más junto al cuarteto, pero la situación política, económica y social que se vivió en el 2001 en estas tierras no era lo que se dice un cuento de hadas.

“Mi esposa se mudó a Holanda en 2000 y varios años después, decidimos mudarnos a la Argentina”, recordó Frido. La elección del lugar para instalarse parecía cantada: “Elegimos Buenos Aires para vivir porque la mayoría de la familia de mi mujer vive acá y también por las posibilidades de conseguir trabajo como músico”, reconoció.

No sólo miles de kilómetros distancian Holanda de la Argentina, también los estilos son muy diferentes arriba de un escenario o a la hora de emprender un camino musical. Al menos así lo explicó Frido, cuando comentó que “los músicos argentinos, en mi opinión, son más abiertos que en Holanda: es más fácil empezar algo nuevo, encuentro mucho entusiasmo”.

Hoy lleva una vida muy activa en materia musical. Basta con revisar la grilla de agrupaciones de jazz que se presentan para comprobar que el saxofonista está dispuesto a poner a disposición sus servicios en varios proyectos. Por ejemplo, participa activamente en tres grupos: el quinteto de la violinista Sophie Lüssi, el cuarteto “La pesada herencia” del baterista Camilo Zendner y el Julián Solarz Grupo (con quien grabó un disco que saldrá en marzo o abril próximo). Y, además, está al mando de otras tres agrupaciones. Un trío junto a Francisco Salgado y Matías Coulasso, denominado Roseti Project (con quienes planea sacar un disco el mes próximo y será presentado el 6 de octubre en Roseti) y otro junto a Sebastián de Urquiza y otro saxofonista que va rotando de acuerdo a la ocasión y por el que pasaron Pablo Moser, Rodrigo Domínguez y Juani Méndez. “Con este trío, que se llama ‘Monk etc.’ tocamos arreglos míos de la música de Thelonious Monk, Charles Mingus y Ornette Coleman”, explicó y añadió: “Son todos grupos muy diferentes de estilos, ¡pero todos me gustan muchísimo!”
Como si fuera poco, también lidera un cuarteto junto a Ramiro Penovi, Diego Wainer y Claudio Risso, con quienes acaba de presentar su flamante disco “Entonces qué?”, el primero que registra en suelo nacional. El material fue grabado por el sello Club del Disco, discográfica que eligió el álbum como disco del mes. Algo que al saxofonista le generó “orgullo, puro orgullo y alegría”. Al igual que en el caso de Roseti Project, las composiciones son de Frido, aunque, tal como reconoció en la entrevista, “la música es muy distinta”.
La historia con el cuarteto comenzó cuando llegó a Buenos Aires. Por aquél entonces, ya conocía Risso y fue él quién lo ayudó a buscar un bajista y a un guitarrista para el grupo. “Me dio unos teléfonos y empecé a llamar y así me encontré con Diego y Rama, que hoy en día forman parte del grupo”, contó. Si bien la agrupación estaba conformada, Frido decidió sumar a Mariano Agustoni. “Cuando nació el plan de grabar un disco, le propuse al pianista Mariano Agustoni participar como una voz más, para tener ‘más colores en la paleta para pintar un lindo cuadro’”, advirtió.

“El nombre ‘Entonces que?’ es una traducción literal de ‘So What’, el tema de Miles Davis, porque la primera parte de mi tema tiene la misma estructura armónica que ‘So What’”, aclaró a Animales del Jazz y finalizó: “Los ocho temas del disco los escribí acá en Buenos Aires, especialmente para este grupo. Las influencias que supuestamente podés escuchar son de toda mi vida”. Un disco verdaderamente muy interesante, donde se pueden apreciar todos las influencias que tuvo el saxofonista a lo largo de su vida, que fueron desde Earth, Wind & Fire a Kenny Garret.

Los que estén interesados en escuchar a este fenomenal cuarteto, podrán hacerlo en su próxima presentación, que se llevará a cabo el jueves 28 de septiembre a las 21.30 horas en Virasoro Bar (Guatemala 4328, CABA). Un plan ideal, para festejar la llegada de la primavera a puro jazz.

Gonzalo Chicote

Ángel Sucheras: el jazz, su historia y lo que viene de la mano de los New Orleans Spirits

Podría haber sido abogado y, en estos momentos, estar disfrutando las mieles del retiro. Pero no. Ángel Sucheras decidió de joven dejar de lado la abogacía para dedicarse a su verdadera pasión: la música. Y, con poco más de 20 años, dejó la Argentina para radicarse en Europa y dar rienda suelta a ese sueño.

Claro, no era un improvisado. Para aquel entonces ya había recorrido un largo camino con el piano como instrumento. Su travesía comenzó a los 7 años, con clases particulares y continuó por el conservatorio privado Williams y el público de Buenos Aires.

Pero no todo llegaba de la mano de profesores. Su casa también fue un pilar en su educación musical. Al menos así lo contó en una entrevista exclusiva que brindó a Animales del Jazz, donde hizo un repaso por su historia y adelantó detalles del primer disco de New Orleans Spirits (NOS).

“Mamá era pianista y papá no era pianista, pero tenía un oído impresionante. En casa se escuchaba mucha música, muy ecléctico todo; se escuchaba desde sinfonías de Mahler o preludios de Chopin, hasta tango y jazz”, explicó acomodado en una mesa del Bar Británico, donde se siente “local”.

El humor estuvo siempre presente en la entrevista y se coló, junto a su forma de hablar pausada -fiel reflejo de los años que pasó frente a estudiantes en las aulas, estilo propio de quien aprendió a enseñar-, a un cúmulo de historias que recorrieron desde sus primeros pasos hasta sus más recientes experiencias.

Sucheras llega al jazz
La conexión con el jazz llegó por la radio. “Un día cualquiera de semana, a las 5 de la tarde, cuando mi madre enciende una radio mientras me preparaba la merienda, sale un solo de trompeta. Y yo digo, ¿qué es esto?”, recordó.

Había quedado impactado por ese sonido. El tema era “Mack the Knife” -versión de Louis Armstrong-, que formaba parte de la cortina del programa que Hugo Guerrero Marthineitz tenía en Radio El Mundo.

A partir de ese momento, sus tardes cambiaron para siempre. A las 5 se sentaba a escuchar al locutor peruano, que mezclaban algunas puntadas de música con noticias. Pero más, allá de todo, quería develar una incógnita: ¿qué era lo que sonaba en la cortina del programa?

“Me empecé a volver loco con eso”, reconoció. La intriga que tenía por saber quién era el que tocaba en la presentación del ciclo hizo que diera un paso más allá y, con la ayuda de su madre, se animó a asistir a la puerta de la radio para esperar al mismísimo Guerrero Marthineitz.

En la puerta de Radio El Mundo, con 16 años, tuvo posibilidad de charlar con “el peruano parlanchín”. Fue el locutor el que le reveló el misterio. Aunque, tal vez, lo más importante fue decirle que lo que hacía el trompetista norteamericano era jazz.

Los próximos días fueron destinados a buscar en las bateas el vinilo de Armstrong, hasta que encontró el disco de 78 rpm en un local del centro porteño. “Yo puse ese disco y no me caí al suelo de casualidad. Lo puse un millón de veces”, se sinceró.

Pero no fue todo. Hubo otro factor que terminó de forjar su camino dentro del jazz y la palabra “radio” volvió a repetirse. Esta vez, gracias a un compañero de secundario llamado Luis Manzanares, fue a presenciar el programa “Jazz de Ayer” en Radio Splendid.

La magia del estudio lo llenó de entusiasmo. “De repente aparecen unos músicos, todos pibes jóvenes o apenas un poco más grande que yo”, contó. Entre las “promesas” que estaban aquel día figuraban Carlos Acosta, Héctor Basso, Jorge Cascone y Osvaldo López, entre otros.

El grupo era, ni más ni menos, que The Georgians Jazz Band. Escuchar a esos músicos fue increíble para Sucheras, y así lo definió: “Me morí, me caí de cabeza”. Sin embargo, la forma de tocar el piano de Carlos Balmaceda fue lo que verdaderamente lo atrajo como un imán.

Tiempo después pudo hablar con Balmaceda, quien le dio unos pocos consejos que fueron como oro. “Me enseñó a tocar dos acordes de los más simples, una triada básica que se llama triada fundamental. Yo me fui a mi casa y quedé encerrado más o menos dos días. Salía de mi habitación solamente para comer”, señaló.

Por medio de otro compañero de secundario accedió a una gran cantidad de discos, desde Armstrong hasta Bix Beiderbecke, pasando por Duke Ellintong, Fletcher Henderson y Sidney Bechet.

Mientras estudiaba lo que hacían estos grandes exponentes del jazz de los años 20 y 30, continuaba asistiendo a las veladas de “Jazz de Ayer” y comenzó a relacionarse más directamente con los músicos que tocaban allí. Su intención era formar una agrupación propia.

Su recompensa llegó pronto y fue superlativa. “A los dos años de estar metido en eso, empecé a tocar con los Georgians”, indicó. Por aquel entonces habían cambiado algunas caras en la banda de Acosta, y se sumaron Néstor Astarita (batería), Roberto “Fats” Fernández (trompeta) y Miguel Piccolo (trombón).

Su camino en el extranjero
A la hora de explicar cuál fue el motivo que lo impulsó a dejar la Argentina para viajar al exterior, Sucheras fue contundente: “Mi meta era ir a tocar jazz a Estados Unidos para probarme”.

No obstante, antes de arribar a la tierra donde nació la música sincopada, hizo una prolongada escala por el Viejo Continente. “Estaba por recibirme de abogado, hasta que ocurrió una cuestión personal por la cual dije, ‘me voy a Europa’”, recordó. Su primer lugar fue Zurich, pero tocó en varias ciudades europeas.

Antes de partir, en 1963, se había puesto en contacto con músicos que ya tocaban en Europa. Fueron ellos los que lo incentivaron a viajar, ya que le comentaron que existían varias posibilidades de trabajo. Así que armó la valija y partió.

Casi no hubo ciudad en Suiza que no haya conocido gracias a la música. Ginebra y Zurich son sólo un pequeño puñado de lugares en los que tocó junto a su trío. Tantos lugares que no fue difícil aceptar que conoce “más pueblos y ciudades de Suiza que de la Argentina”.

En la interminable lista de ciudades europeas se pueden incluir también puntos geográficos muy alejados de Buenos Aires -como Estocolmo– o altamente sofisticados -como Mónaco, con la realeza como público-.

Tiempo después llegó la posibilidad de viajar a la meca del jazz. Al principio llegó a Estados Unidos como asistente de la Universidad de Austin (en Texas) y luego pasó a dar clases allí. Sin embargo, sus esfuerzos estaban dedicados a hacerse un lugar entre los músicos del lugar.

“Me dediqué, sobre todo, a tocar y a armar mi propio grupo”, sostuvo. Parte de los integrantes de aquella agrupación había sido integrada por viejos colegas que habían trabajado con él en Europa. “Nosotros tuvimos mucho éxito con un quinteto que había armado”, recordó.

Una de las anécdotas que más le gusta contar de aquel período es la que tiene a Oscar Peterson como protagonista. Fue cuando pudo tocar a cuatro manos con su maestro “virtual”. Es que, tal como había ocurrido con Armstrong o Beiderbecke, Sucheras aprendió muchísimo del pianista canadiense a través de sus discos.

En Houston coincidieron en un bar y, mientras Ángel tocaba, Peterson le pidió si podía tocar la mano izquierda. “Tocamos un poco y yo me levanté y lo dejé tocar el piano entero”, dijo entre risas. Ese día no sólo pudo tocar con Peterson, sino que también le pudo decir “usted fue mi maestro, aunque usted no lo sabe”.

La vuelta a la Argentina fue después de más de dos décadas de girar por el Viejo Continente y Estados Unidos. Gracias a una buena propuesta laboral, regresó al país para formar parte del centro de esquí de Las Leñas (Mendoza). El regreso a la Ciudad de Buenos Aires llegó recién en 1994.

De aquella experiencia tiene grandes recuerdos. Sobre todo, asociados al seminario que llevó adelante junto a profesores de la talla de Alfredo Remus, Santiago Giacobbe, Hugo Pierre, Eduardo Casalla y Jorge Cutello, y por el que pasaron como estudiantes Abel Rogantini, Guillermo Romero y Walter Rinavera, entre muchos otros.

Disco en puerta
Por estos días, gran parte de las horas de Sucheras están dedicadas a escribir y preparar arreglos. Ocurre que los días 30 de julio y 1 de agosto estará ingresando a los estudios ION para registrar las canciones que formarán parte del primer disco de los New Orleans Spirits (NOS).

Para fin de mes, Rafael Sucheras estará presente -tras una gira que lleva adelante por Costa Rica- para formar parte de las grabaciones junto a su padre, Diego Alejandro (batería) y Leonel Cejas (contrabajo).

A la hora de hablar de los NOS, Sucheras explicó que “está basado, esencialmente y como su nombre lo indica, en música de New Orleans; pero no es música de hace un siglo y medio, de cuando nació el jazz. Es música de New Orleans actual”.

Y agregó: “Lo que estamos haciendo es una pequeña recopilación de mucha música, con algunas canciones de aquella época arreglada de una forma contemporánea”. Entre los pocos detalles que deslizó el pianista, está la inclusión de un tema de Keith Jarrett.

La parte de piano y voz se las reserva para él, pero reconoció que dejará en manos de su hijo un rol más bien protagónico en sintetizador. “Estoy escribiendo cosas en las que tiene un papel importante con los teclados”, explicó.

No obstante, la clave para todos los proyectos de Sucheras no pasa estrictamente por lo musical. Por el contrario, lo más importante pasa por la relación afectiva que exista con el resto de los músicos. “Yo no toco con gente que no sean amigos míos”, definió.

El pianista es claro respecto a la importancia de las personas y considera que si existe algún pequeño resquemor sobre la calidad de la persona, prefiere no tocar ya que “la camaradería se trasunta en la música”.

“Ahora, para hacer proyectos, para tocar lo que a uno le gusta y como a uno le gusta… si no son amigos, no pasa nada. Ese es el caso de los chicos. Si no somos amigos, si no nos divertimos como condenados cada vez que tocamos un tema, no me interesa. Este proyecto nuevo, se trata de eso. Se armó porque se dieron ese tipo de condiciones”, destacó.

Algo similar le sucede con la cantante Deborah Dixon y basta con acudir a uno solo de sus recitales para darse cuenta de eso. La relación que los une comenzó casi por casualidad, cuando le comentaron que había una vocalista que estaba haciendo estragos en los shows que realizaba. Por curiosidad, Ángel decidió ir a conocerla y quedó impactado.

La sociedad lleva más de una década y media y guarda en su haber un disco en conjunto (registrado en Notorious) y la felicidad de llenar cada recinto donde se anuncie un show del dueto, sea en un lugar con capacidad para un centenar de personas o uno más grande como el Anfiteatro del Parque Centenario.

Finalizando la entrevista Sucheras reconoció que “el jazz es una música elitista” y que eso termina repercutiendo en la cantidad de personas que consumen la música sincopada. Por eso es consciente de que el nuevo material probablemente no venda millones de copias. “Es un disco cuyas posibilidades de entrar en el área del comercio son bastantes limitadas”, puntualizó.

La explicación, desde su punto de vista, tiene mucho que ver con la difusión que dan las discográficas a la música que se aleje del espacio comercial, como el jazz. Sin evitar mencionar el éxito del tema “Despacito”, explicó que “es música popular y, como su nombre lo indica, acapara masas”.

Sabe que tal vez nunca tenga la popularidad de Luis Fonsi, pero no le importa. “Yo me pongo muy contento de no tocar esa música, de tener la suerte de tocar otra música”, concluyó con mucho orgullo. Está claro que disfrutar de lo que uno hace es, en definitiva, la esencia de la vida.

Gonzalo Chicote

Héctor “Finito” Bingert, un músico de jazz en la tierra del candombe

20160924_002630El pasado 23 de septiembre, en el sótano de un restaurante cercano al Parque Rodó de Montevideo (Uruguay), se presentó por primera vez el cuarteto que dirige Héctor “Finito” Bingert. El saxofonista uruguayo es de esas personas que tienen mucho para contar. Parte de su historia la transmite entre canción y canción. Con un gran manejo del espectáculo, y como si el público no estuviera metido en su bolsillo desde el primer momento que suena su tenor Selmer, se da el gusto de decir algunos chistes. “Siempre quise hacer stand up, pero en mi casa no se reía nadie. Tendría que haber venido acá”, se sincera y hace reír a más de uno. También explicó el por qué de su apodo, siempre en clave de humor: “Era tan flaco que para que vieran que llegué a algún lugar tenía que entrar dos veces”. Otra vez risas. En la cava del Blanes todo fue jazz y sonrisas. Pasaron grandes standars de John Coltrane, algo de bossa nova y hasta “Europa”, el tema que popularizó Leandro “Gato” Barbieri. La química que hubo entre Finito, Sebastián Zinola (piano), Ignacio Correa (bajo) y Jorge Rodríguez Stark (batería) fue verdaderamente atrapante y el público recién se retiró del lugar cuando los músicos aseguraron que no les quedaban temas para tocar.
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El Teatro Coliseo se prepara para un ciclo a puro jazz

En los últimos años, el Teatro Coliseo comenzó a transitar un cambio. El más vistoso es el de la estructura: pisos nuevos, pintura general, más iluminación y adecuación de los camarines.

Pero no fue el único. “Fueron cambios a todos los niveles: gestión, estructura, identidad, comunicación”, explicó en una entrevista exclusiva con Animales del Jazz la directora general del Coliseo, Elisabetta Riva.

Y añadió: “El Teatro necesitaba ponerse al día con los nuevos modelos de gestión cultural. El proyecto de relanzamiento fue integral y por etapas. Mientras nos ocupábamos de actualizar el sistema interno de gestión, optimizando recursos, íbamos actualizando las infraestructuras del edificio, para mejorar la cantidad y calidad de la propuesta artístico y cultural. Parte de este proceso fue repensar y focalizar la identidad del Teatro y a su vez encontrar las herramientas para encontrar un dialogo fluido con productores, artistas, publico, instituciones”.

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De Rooleros, la originalidad a su máxima expresión

El último material de la agrupación De Rooleros salió de los márgenes tradicionales de una grabación discográfica para trasladarse a un espacio donde convivieron y se desarrollaron diversos ramas del arte.

La pintura, la actuación y el documental se unieron a la música en “Templo Sucesivo” para darle forma a un proyecto audiovisual muy interesante y que también desembocó en el nacimiento de “Desde el Templo Sucesivo” (La Haya Records), el segundo álbum de la banda formada por Diego Rubinstein (batería), César El Id (bajo), Juan Gonella (guitarra) y Santiago Kurchan (saxo).

Con más de 20 artistas en escena (entre músicos, artistas plásticos, camarógrafos, grabadores de sonido y actores), en la sesión de aquel 10 de octubre de 2015 se puede encontrar un poco de todo, aunque, no obstante, sobresale la inmediatez y la creación en su máxima expresión que sólo puede dar la improvisación.

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