20151115_191956Si bien hubo muchos espectáculos en la última jornada del Festival “Buenos Ares Jazz.15”, la atención del público estaba centrada en el Teatro Colón y no sólo porque se trata de la sala más importante del país, sino también porque se presentaba Branford Marsalis.

El saxofonista estadounidense es, sin lugar a dudas, una de las joyas vivientes del jazz y su trayectoria es intachable: compartió escenario con grandes leyendas como Miles Davis, Dizzy Gillespie, Herbie Hancock y Sonny Rollins y su camino como líder cuenta con más de 30 discos editados.

Eso sin contar los numerosos premios que recibió, aunque él considera que “son sólo estaciones de paso a lo largo de lo que sigue siendo uno de los viajes más fascinantes y gratificantes en el mundo de la música”.

Probablemente nunca haya pensado que viajaría dos veces a Buenos Aires, allá por los años ’80 cuando iniciaba su camino en la orquesta de Art Blakey. Menos que en la segunda tendría la responsabilidad de cerrar un ciclo que, año tras año, se consolida internacionalmente.

Lo cierto es que pasados apenas unos minutos de las 18 horas, Marsalis ingresó al escenario del Teatro Colón junto a Justin Faulkner (batería), Samora Pinderhugues (piano) y Russell Hall (contrabajo).

Vestidos de traje, los cuatro músicos tomaron posiciones después de agradecer los aplausos del público y comenzaron a ponerle jazz a un recinto que se contagiaba el calor del exterior. Tanto subió la temperatura que apenas terminaron de interpretar “The Mighty Sword” todos se quitaron el saco.

Claro que no sólo tocaron canciones de uno de los últimos discos. Por el contrario, también dejaron lugar para otras más viejas como “Tain Mutiny”, que fue registrado en 1999 en el disco “Contemporary Jazz” (por el que recibió un Grammy en la categoría Mejor Álbum Instrumental de Jazz).

Otra de las elegidas para la ocasión fue “St. James Infirmary Blues”, un tema del que se desconoce a ciencia cierta su creador, pero que fue popularizada por el trompetista Louis Armstrong en el año 1928.

Mención aparte merece la interpretación de “Oblivion”. El tema de Astor Piazzolla representó una verdadera sorpresa para el público presente, aunque no fue la primera vez que formó parte del repertorio del saxofonista (por caso, en 2007 tocó la canción junto a la Boston Pops Orchestra).

Pero lo más importante, fue que -tal vez sin saberlo- Marsalis terminó homenajeando a Piazzolla en un lugar que era sagrado para él. Si de algo estuvo seguro el bandoneonista marplatense fue que su consagración llegó cuando tocó en el Teatro Colón en 1983.

Con un espectáculo que llevaba casi una hora y media de duración, el público estaba más que satisfecho. No obstante, hubo lugar para una última canción: “It Don’t Mean a Thing (If It Ain´t Got That Swing)”. Ni bien sonó la última nota, los aficionados despidieron al cuarteto con una ovación de pie. El concierto había concluido y el festival tuvo su cierre de lujo.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com