Ilustración Viktoria Martín

Ilustración Viktoria Martín

Pocos fueron los músicos de jazz de la década del 20 que representaron tan bien el estilo Chicago como Bix Beiderbecke.

Nacido el 10 de marzo de 1903 en Davenport (Iowa – Estados Unidos), mostró interés por la música desde pequeño. Siendo un niño participó del coro de la iglesia lutherana y su amor por el jazz llegó desde el río.

Ocurre que por el Mississippi (que pasaba por su ciudad natal) navegaban los barcos donde grandes bandas de Nueva Orleans tocaban de manera permanente.

Pese a su entusiasmo, sus padres querían un mejor futuro para Bix que la música, por lo que lo enviaron a una academia militar en 1921. No obstante, eso no logró detenerlo.

Las reiteradas ausencias hicieron que las autoridades decidieran expulsarlo. Y ya con 18 años empezó a realizar sus primeras apariciones en público y su forma de tocar la corneta comenzaron a ponerlo en boca de todos.

En 1923 formó parte de The Wolverine, una auténtica banda del estilo Chicago con el que grabó temas como “Copenhagen”, “Fidgety Feet” y “Riverboat Shuffle”.

Un año después Bix se une al saxofonista Frankie Trumbauer, con quien realizó -más adelante- las que los críticos consideran las mejores grabaciones del cornetista. Entre ellas, se destaca Singin’ the Blues, registrada en 1927.

Sin embargo, la canción que lo llevó a la fama fue “Davenport Blues”, grabada en 1925 junto a sus Rhythm Jugglers para el sello Gennette.

Con raíces alemanas, Bix incluyó un poco del lirismo de la música clásica cada vez que tocaba. Así, mientras Louis Armstrong se caracterizaba por la explosión de sus solos, Beiderbecke lo hacía con su tranquilidad e intimismo.

Junto con Sachmo, fueron considerados los primeros solistas dentro del jazz. Incluso, algunos críticos como Joachim Berendt encuentran en la figura del cornetista al primer músico del cool jazz.

Pero la calidez que trasmitía su forma de tocar no se asemejaba con lo que sentía por dentro. Bebía casi tanto como lo que tocaba y su salud comenzaba a deteriorarse con rapidez.

Para colmo de males, en 1928 comete lo que para muchos fue un verdadero error: se unió a la banda de Paul Whiteman.

Es que muchos dudaban de la verdadera capacidad musical de este director, pese a que él se consideraba “El Rey del Jazz”.

Lo cierto es que “Bix se hizo miembro de la orquesta de Whiteman -por entonces modelo de la música comercial- porque le fascinaba el brillo de los arreglos refinados y elegantes”, tal como lo explica Berendt en su libro “El Jazz – De Nueva Orleans al Jazz Rock”.

Incluso, remarca que “los coleccionistas de discos del mundo entero compraran discos viejos y gastados de Paul Whiteman únicamente para oír los ocho o dieciséis compases del solo que Bix ejecutaba”.

A fines de la década, su salud empeoró y Whiteman decidió enviarlo con sus padres. Pero en Davenport sólo encontró indeferencia de sus progenitores, que nunca escucharon un disco de él.

Decidió que su casa no era el mejor lugar para reponerse, así que viajó a Nueva York. En 1930 volvió a realizar grabaciones, pero ya no cabían dudas que su final estaba cerca.

Y la muerte finalmente lo encontró el 6 de agosto de 1931 en la casa del contrabajista George Kraslow, donde vivió sus últimas semanas de vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com