Ilustración: Viktoria Martin

Ilustración: Viktoria Martin

Existieron muchos y grandes pianistas en el jazz, pero sólo uno fue un “poeta” tocando las teclas. Su nombre era Bill Evans.

Para definirlo, tal vez es bueno recordar lo que dijo su par alemán Michael Naura, quien sostuvo que “parece registrar su ambiente de una manera casi espiritualista. Sólo alguien capaz de una devoción total puede tocar el piano así”.Este talentoso músico nació el 16 de agosto de 1929 en Plainfield (Nueva Jersey – Estados Unidos) y estudió piano clásico desde los seis años. No obstante, su interés por el jazz llegó de joven y perduró por siempre.

Ya para los años 50 se había trasladado a Nueva York y comenzó a trabajar profesionalmente en diversos grupos.

El primer disco grabado como director de su propia orquesta fue “New Jazz Conceptions”, registrado en 1956 por la compañía Riverside.

Dos años después fue elegido como el “pianista revelación” por la revista Down Beat y su carrera fue en crecimiento constante. Los trabajos con George Russell así lo confirman.

Y no sólo eso. Trabajando ya junto al contrabajista Charles Mingus, Evans fue escuchado por Miles Davis quien decidió contratarlo de inmediato.

El camino que transitarían juntos desembocaría en el mejor disco de jazz de todos los tiempos: Kind of Blue.

A partir de ahí, todo fue éxito en la carrera del pianista.

Llegó la grabación de “Everybody Digs Bill Evans” y la creación de una formación junto al contrabajista Scott La Faro y al baterista Paul Motian, con quienes revolucionaría la forma de tocar en trío.

Si bien fueron sólo dos años juntos -debido a la prematura muerte de La Faro en un accidente de autos-, grabaron cuatro discos donde introdujeron un nuevo concepto donde se rompía con el molde de instrumento solista-acompañante.

En los registros que se hicieron en el Village Vanguard se puede apreciar a un La Faro que desarrolla un rol de acompañamiento interactivo de Evans. Algo sin dudas insólito para la época.

Otro de los trabajos que no pueden dejar de mencionarse es “Conversations witn Myself”, grabado en 1963, donde el pianista hace dúos con el mismo. Para ello, registraba primero una pista y luego tocaba otra cosa sobre ella.

En los años 70 también trabajó junto al cantante Tonny Bennett -con quien obtuvo un premio Grammy– e intentó reemplazar el piano acústico por el eléctrico, aunque el Fender Rhodes no terminó de convencerlo.

Su adicción a la heroína provocó estragos en su salud y el 15 de septiembre de 1980 falleció en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, su legado puede encontrar aún en pianistas de la talla de Keith Jarrett, Chick Corea y Herbie Hancock.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com
Ilustración: Viktoria Martín – Blog: pinturas-viktoriamartin.blogspot.com