Alejado del resto, pero cerca del lugar donde se marcan los designios de la Argentina, se encuentra uno de los clubes de jazz más modernos y mágicos de la Ciudad de Buenos Aires.

Basta bajar las escaleras del local de Moreno 364 para adentrarse en otro mundo, en otro tiempo. Ambientado como los viejos bares de un Estados Unidos que ya no existe, flotan, desde hace 4 años, historias de jazz.

El boliche del somelier Aldo Graziani, cuya amplia y precisa programación está en manos de Gabriel Cygielnik, acaba de festejar sus primeros pasos dentro de un mundo donde vivieron legendarios sitios como Jamaica o Jazz & Pop.

Pese a competir con otros ya consagrados clubes de jazz porteños, Bebop Club no sólo supo mantenerse sino que también logró, noche a noche, imponer su sello propio. Un estilo. Una marca.

Grandes y variados músicos pasaron por su escenario. Desde el plano internacional, se pueden mencionar de Robben Ford (uno de los anhelos de Graziani) hasta George Garzone (que vibró junto a un cuarteo inmejorable, con Mariano Loiácono, Leo Genovese, Belén López y Eloy Michelini), pasando por Stefano Bollani, Miguel Zenón o Jaques Morelenbaum. Y es sólo un puñado de ellos.

Del la escena local, probablemente todos los consagrados pasaron por allí. Tal vez el ciclo “Leyendas del Jazz” fue, sin dudas, una pequeña muestra de ello, de la reunión de las viejas glorias con jóvenes promesas.

Jorge Navarro, Gustavo Bergalli, Jorge López Ruiz, Néstor Astarita, Chico Novarro, Angel Sucheras, Américo Bellotto, Donna Caroll, Jorge Anders, Juan Carlos Cirigliano, Mauricio Percan, Alejandra Martin, Enrique “Zurdo” Roizner, Santiago Giacobbe, Livia Barbosa, Jorge Cutello, Luis Cerávolo, Ricardo Lew, Manuel Fraga, Bernardo Baraj, Ricardo Pellican, Eleonora Eubel, Norberto Machline, Pichón Grisiglione, Carlos Acosta, Jorge Cichero, Alberto Wassington, Freddy Méndez, Rolando Vismara y Gimo Riportella, fueron algunos de los que tocaron en aquel memorable evento.

Pero las nuevas promesas no sólo estuvieron presentes en el ciclo. En el Bebop siempre se hizo lugar para que los jóvenes también mostraran su talento y, en algunos casos, dieran sus primeros pasos en un escenario profesional.

El pasado miércoles 21 de marzo se llevó adelante una reunión de amigos. Músicos, periodistas, fotógrafos y familiares se dieron lugar al evento donde lo que predominó fue la buena onda. Y, como no podía ser de otra manera, también hubo música.

En sus paredes están colgadas las fotos de grandes talentos que hicieron única la música sincopada. Por eso, Laura Tenenbaum, María Cueto, Claudio Parisi y quien escribe, consideramos que era el lugar perfecto para “Un Gran Día en Buenos Aires”.

La foto que unió al jazz argentino, forma parte de uno de los reductos que, a fuerza de una programación sincopada, se está convirtiendo en un emblema del jazz. Allí donde la música nacida en Nueva Orleans vibró cuatro años. Lugar en el que, ojalá, el jazz viva muchos años más.