La Glorieta de Barrancas de Belgrano está acostumbrada al baile y a la música. Desde hace tiempo recibe a quienes disfrutan del tango y acuden, religiosamente, cada lunes a las 20.30 horas para milonguear. Sin embargo, esta vez la matiné se vistió de jazz y los bailarines se movieron al ritmo del swing que impuso Marina Quiroga y sus Héroes del Swing.
Las clases de baile fueron una de las novedades que incluyó el “Festival Internacional Buenos Aires Jazz.16” y estuvieron presentes en otras sedes: en el Resurgimiento (con Biggeri Bros Swing Dance), en el Carlos Gardel (con Swing Out Studio) y en el Julián Centeno (con Swing City).
Al respecto, el director artístico del evento, Adrián Iaies, aseguró a Animales del Jazz que la idea era seguir sumando y por eso fue que incorporaron las clases de baile en esta edición. “Así como el Festival tiene una jam, tiene conciertos, un ciclo de cine, clases y un montón de actividades que son aledañas al género, el baile está como la más pura esencia del inicio del jazz”, señaló. Y añadió: “Las orquestas tocaban para que la gente escuche y baile. La gente bailaba con Duke Ellington, Count Basie, Artie Shaw, Benny Goodman, Glenn Miller; están en el más puro espíritu del asunto”.
En la Glorieta -que fue una de las nuevas sedes que se incorporaron al cada vez más extenso programa del Festival- un grupo de valientes se pusieron a disposición de Luciana Salinas y José Zarazaga, titulares de “Bailá Swing!”, que con muy buena onda y humor llevaron adelante una didáctica clase que puso a mover los pies de todos, incluso los que luego se mantuvieron al margen de la pista de baile.
Luego de aprender los primeros pasos, llegó el turno de poner en práctica todo lo asimilado. Para eso sonaron las melodías de Héroes del Swing, que recorrieron un amplio repertorio que incluyó de todo: temas clásicos -como “When the Saints go Marching In” o “Take the A Train”-, de gospel y canciones de Stevie Wonder, BB King y Louis Prima.

En el momento del baile se mezclaron los experimentados con los novatos, formando un interesante combo donde lo que reinaba era la diversión. Muchos de los que dominaban los movimientos tenían escuela en otros estilos. Tal es el caso de Emiliano (37), que habían empezado con el rock, pero que se cambió gracias uno de sus profesores de rock que “en realidad era más profesor de swing”. Su técnica lo impulsó a seguirlo y hace tres años que está al servicio del jazz. En el caso de Mariela (42), si bien había practicado danza contemporánea, su interés llegó por el jazz. “No sabia que el jazz se bailaba”, explicó. Así que se puso a buscar un poco en Internet hasta que dio con las escuelas de swing. También Cecilia (36) se movía por un ambiente diferente (el del tango), hasta que descubrió que la música de Louis Armstrong se podía bailar. A cuatro meses de su primera clase, se mostró sólida entre el resto de los bailarines. Y, claro, recomendó a todos que se sumen a la movida. “El ambiente es muy relajado y se genera buena onda”, puntualizó.
Algo parecido sucedió con Enrique y Carolina, padre e hija, que pese a ser “del palo del rock y el tango”, se animaron a sumarse al movimiento. No sólo eso: con sus 81 años Enrique afirmó que ya piensa en tomar unas clases. “Nunca es tarde para empezar”, añadió Carolina.
Eso fue lo que precisamente explicó Zarazaga a Animales del Jazz: la clave está en animarse. “Lo importante es dar el primer paso. Es acercarse a la clase sin vergüenza, sin miedo, no pensando en hacerlo difícil, sino en que el profesor se va a encargar de que baile. Después de la primer clase, todo es mucho más fácil. Es solamente bailar”, concluyó.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com