Ángel Sucheras: el jazz, su historia y lo que viene de la mano de los New Orleans Spirits

Podría haber sido abogado y, en estos momentos, estar disfrutando las mieles del retiro. Pero no. Ángel Sucheras decidió de joven dejar de lado la abogacía para dedicarse a su verdadera pasión: la música. Y, con poco más de 20 años, dejó la Argentina para radicarse en Europa y dar rienda suelta a ese sueño.

Claro, no era un improvisado. Para aquel entonces ya había recorrido un largo camino con el piano como instrumento. Su travesía comenzó a los 7 años, con clases particulares y continuó por el conservatorio privado Williams y el público de Buenos Aires.

Pero no todo llegaba de la mano de profesores. Su casa también fue un pilar en su educación musical. Al menos así lo contó en una entrevista exclusiva que brindó a Animales del Jazz, donde hizo un repaso por su historia y adelantó detalles del primer disco de New Orleans Spirits (NOS).

“Mamá era pianista y papá no era pianista, pero tenía un oído impresionante. En casa se escuchaba mucha música, muy ecléctico todo; se escuchaba desde sinfonías de Mahler o preludios de Chopin, hasta tango y jazz”, explicó acomodado en una mesa del Bar Británico, donde se siente “local”.

El humor estuvo siempre presente en la entrevista y se coló, junto a su forma de hablar pausada -fiel reflejo de los años que pasó frente a estudiantes en las aulas, estilo propio de quien aprendió a enseñar-, a un cúmulo de historias que recorrieron desde sus primeros pasos hasta sus más recientes experiencias.

Sucheras llega al jazz
La conexión con el jazz llegó por la radio. “Un día cualquiera de semana, a las 5 de la tarde, cuando mi madre enciende una radio mientras me preparaba la merienda, sale un solo de trompeta. Y yo digo, ¿qué es esto?”, recordó.

Había quedado impactado por ese sonido. El tema era “Mack the Knife” -versión de Louis Armstrong-, que formaba parte de la cortina del programa que Hugo Guerrero Marthineitz tenía en Radio El Mundo.

A partir de ese momento, sus tardes cambiaron para siempre. A las 5 se sentaba a escuchar al locutor peruano, que mezclaban algunas puntadas de música con noticias. Pero más, allá de todo, quería develar una incógnita: ¿qué era lo que sonaba en la cortina del programa?

“Me empecé a volver loco con eso”, reconoció. La intriga que tenía por saber quién era el que tocaba en la presentación del ciclo hizo que diera un paso más allá y, con la ayuda de su madre, se animó a asistir a la puerta de la radio para esperar al mismísimo Guerrero Marthineitz.

En la puerta de Radio El Mundo, con 16 años, tuvo posibilidad de charlar con “el peruano parlanchín”. Fue el locutor el que le reveló el misterio. Aunque, tal vez, lo más importante fue decirle que lo que hacía el trompetista norteamericano era jazz.

Los próximos días fueron destinados a buscar en las bateas el vinilo de Armstrong, hasta que encontró el disco de 78 rpm en un local del centro porteño. “Yo puse ese disco y no me caí al suelo de casualidad. Lo puse un millón de veces”, se sinceró.

Pero no fue todo. Hubo otro factor que terminó de forjar su camino dentro del jazz y la palabra “radio” volvió a repetirse. Esta vez, gracias a un compañero de secundario llamado Luis Manzanares, fue a presenciar el programa “Jazz de Ayer” en Radio Splendid.

La magia del estudio lo llenó de entusiasmo. “De repente aparecen unos músicos, todos pibes jóvenes o apenas un poco más grande que yo”, contó. Entre las “promesas” que estaban aquel día figuraban Carlos Acosta, Héctor Basso, Jorge Cascone y Osvaldo López, entre otros.

El grupo era, ni más ni menos, que The Georgians Jazz Band. Escuchar a esos músicos fue increíble para Sucheras, y así lo definió: “Me morí, me caí de cabeza”. Sin embargo, la forma de tocar el piano de Carlos Balmaceda fue lo que verdaderamente lo atrajo como un imán.

Tiempo después pudo hablar con Balmaceda, quien le dio unos pocos consejos que fueron como oro. “Me enseñó a tocar dos acordes de los más simples, una triada básica que se llama triada fundamental. Yo me fui a mi casa y quedé encerrado más o menos dos días. Salía de mi habitación solamente para comer”, señaló.

Por medio de otro compañero de secundario accedió a una gran cantidad de discos, desde Armstrong hasta Bix Beiderbecke, pasando por Duke Ellintong, Fletcher Henderson y Sidney Bechet.

Mientras estudiaba lo que hacían estos grandes exponentes del jazz de los años 20 y 30, continuaba asistiendo a las veladas de “Jazz de Ayer” y comenzó a relacionarse más directamente con los músicos que tocaban allí. Su intención era formar una agrupación propia.

Su recompensa llegó pronto y fue superlativa. “A los dos años de estar metido en eso, empecé a tocar con los Georgians”, indicó. Por aquel entonces habían cambiado algunas caras en la banda de Acosta, y se sumaron Néstor Astarita (batería), Roberto “Fats” Fernández (trompeta) y Miguel Piccolo (trombón).

Su camino en el extranjero
A la hora de explicar cuál fue el motivo que lo impulsó a dejar la Argentina para viajar al exterior, Sucheras fue contundente: “Mi meta era ir a tocar jazz a Estados Unidos para probarme”.

No obstante, antes de arribar a la tierra donde nació la música sincopada, hizo una prolongada escala por el Viejo Continente. “Estaba por recibirme de abogado, hasta que ocurrió una cuestión personal por la cual dije, ‘me voy a Europa’”, recordó. Su primer lugar fue Zurich, pero tocó en varias ciudades europeas.

Antes de partir, en 1963, se había puesto en contacto con músicos que ya tocaban en Europa. Fueron ellos los que lo incentivaron a viajar, ya que le comentaron que existían varias posibilidades de trabajo. Así que armó la valija y partió.

Casi no hubo ciudad en Suiza que no haya conocido gracias a la música. Ginebra y Zurich son sólo un pequeño puñado de lugares en los que tocó junto a su trío. Tantos lugares que no fue difícil aceptar que conoce “más pueblos y ciudades de Suiza que de la Argentina”.

En la interminable lista de ciudades europeas se pueden incluir también puntos geográficos muy alejados de Buenos Aires -como Estocolmo– o altamente sofisticados -como Mónaco, con la realeza como público-.

Tiempo después llegó la posibilidad de viajar a la meca del jazz. Al principio llegó a Estados Unidos como asistente de la Universidad de Austin (en Texas) y luego pasó a dar clases allí. Sin embargo, sus esfuerzos estaban dedicados a hacerse un lugar entre los músicos del lugar.

“Me dediqué, sobre todo, a tocar y a armar mi propio grupo”, sostuvo. Parte de los integrantes de aquella agrupación había sido integrada por viejos colegas que habían trabajado con él en Europa. “Nosotros tuvimos mucho éxito con un quinteto que había armado”, recordó.

Una de las anécdotas que más le gusta contar de aquel período es la que tiene a Oscar Peterson como protagonista. Fue cuando pudo tocar a cuatro manos con su maestro “virtual”. Es que, tal como había ocurrido con Armstrong o Beiderbecke, Sucheras aprendió muchísimo del pianista canadiense a través de sus discos.

En Houston coincidieron en un bar y, mientras Ángel tocaba, Peterson le pidió si podía tocar la mano izquierda. “Tocamos un poco y yo me levanté y lo dejé tocar el piano entero”, dijo entre risas. Ese día no sólo pudo tocar con Peterson, sino que también le pudo decir “usted fue mi maestro, aunque usted no lo sabe”.

La vuelta a la Argentina fue después de más de dos décadas de girar por el Viejo Continente y Estados Unidos. Gracias a una buena propuesta laboral, regresó al país para formar parte del centro de esquí de Las Leñas (Mendoza). El regreso a la Ciudad de Buenos Aires llegó recién en 1994.

De aquella experiencia tiene grandes recuerdos. Sobre todo, asociados al seminario que llevó adelante junto a profesores de la talla de Alfredo Remus, Santiago Giacobbe, Hugo Pierre, Eduardo Casalla y Jorge Cutello, y por el que pasaron como estudiantes Abel Rogantini, Guillermo Romero y Walter Rinavera, entre muchos otros.

Disco en puerta
Por estos días, gran parte de las horas de Sucheras están dedicadas a escribir y preparar arreglos. Ocurre que los días 30 de julio y 1 de agosto estará ingresando a los estudios ION para registrar las canciones que formarán parte del primer disco de los New Orleans Spirits (NOS).

Para fin de mes, Rafael Sucheras estará presente -tras una gira que lleva adelante por Costa Rica- para formar parte de las grabaciones junto a su padre, Diego Alejandro (batería) y Leonel Cejas (contrabajo).

A la hora de hablar de los NOS, Sucheras explicó que “está basado, esencialmente y como su nombre lo indica, en música de New Orleans; pero no es música de hace un siglo y medio, de cuando nació el jazz. Es música de New Orleans actual”.

Y agregó: “Lo que estamos haciendo es una pequeña recopilación de mucha música, con algunas canciones de aquella época arreglada de una forma contemporánea”. Entre los pocos detalles que deslizó el pianista, está la inclusión de un tema de Keith Jarrett.

La parte de piano y voz se las reserva para él, pero reconoció que dejará en manos de su hijo un rol más bien protagónico en sintetizador. “Estoy escribiendo cosas en las que tiene un papel importante con los teclados”, explicó.

No obstante, la clave para todos los proyectos de Sucheras no pasa estrictamente por lo musical. Por el contrario, lo más importante pasa por la relación afectiva que exista con el resto de los músicos. “Yo no toco con gente que no sean amigos míos”, definió.

El pianista es claro respecto a la importancia de las personas y considera que si existe algún pequeño resquemor sobre la calidad de la persona, prefiere no tocar ya que “la camaradería se trasunta en la música”.

“Ahora, para hacer proyectos, para tocar lo que a uno le gusta y como a uno le gusta… si no son amigos, no pasa nada. Ese es el caso de los chicos. Si no somos amigos, si no nos divertimos como condenados cada vez que tocamos un tema, no me interesa. Este proyecto nuevo, se trata de eso. Se armó porque se dieron ese tipo de condiciones”, destacó.

Algo similar le sucede con la cantante Deborah Dixon y basta con acudir a uno solo de sus recitales para darse cuenta de eso. La relación que los une comenzó casi por casualidad, cuando le comentaron que había una vocalista que estaba haciendo estragos en los shows que realizaba. Por curiosidad, Ángel decidió ir a conocerla y quedó impactado.

La sociedad lleva más de una década y media y guarda en su haber un disco en conjunto (registrado en Notorious) y la felicidad de llenar cada recinto donde se anuncie un show del dueto, sea en un lugar con capacidad para un centenar de personas o uno más grande como el Anfiteatro del Parque Centenario.

Finalizando la entrevista Sucheras reconoció que “el jazz es una música elitista” y que eso termina repercutiendo en la cantidad de personas que consumen la música sincopada. Por eso es consciente de que el nuevo material probablemente no venda millones de copias. “Es un disco cuyas posibilidades de entrar en el área del comercio son bastantes limitadas”, puntualizó.

La explicación, desde su punto de vista, tiene mucho que ver con la difusión que dan las discográficas a la música que se aleje del espacio comercial, como el jazz. Sin evitar mencionar el éxito del tema “Despacito”, explicó que “es música popular y, como su nombre lo indica, acapara masas”.

Sabe que tal vez nunca tenga la popularidad de Luis Fonsi, pero no le importa. “Yo me pongo muy contento de no tocar esa música, de tener la suerte de tocar otra música”, concluyó con mucho orgullo. Está claro que disfrutar de lo que uno hace es, en definitiva, la esencia de la vida.

Gonzalo Chicote

1 Comentario

  1. Muchísimas gracias, Gonzalo ! Una super nota ! Gracias nuevamente y un fuerte abrazo.

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