BA JazzEl “Festival Buenos Aires Jazz.15” contará con la presencia del saxofonista norteamericano Branford Marsalis, que es, sin dudas, una de las joyas que tiene el jazz contemporáneo. Sin embargo, el director artístico del evento, Adrián Iaies, prefiere no anteponer sus sentimientos a los del proyecto que comanda desde hace ya 8 años. Por eso, para el pianista y compositor “el orgullo es poder dirigir el festival y ver cómo ha crecido”. En una entrevista que concedió a Animales del Jazz -en medio de las corridas lógicas que genera estar al frente de un evento de tal magnitud- Iaies recordó que el primer festival que estuvo a su mando tuvo apenas 15 conciertos que se realizaron en un par de salas. Y es lógico el orgullo, si se tiene en cuenta que la octava edición (que se desarrollará entre el 10 y el 15 de noviembre) contará con más de 300 artistas que se presentarán en alguno de los lugares que fueron elegidos para la ocasión (Usina del Arte, Anfiteatro del Parque Centenario, AMIA, Café Vinilo, Thelonious Club y Margen del Mundo). Pero sobre todo, si se tiene en cuenta que esta vez también tendrán una sede de lujo: el Teatro Colón. Más allá de la amistad que une a Iaies con el director del Colón, la posibilidad concreta nació desde el reconocimiento de Darío Lopérfido al crecimiento del festival. “Tener este año un cierre en el Teatro Colón, que es la sala más importante que tiene no sólo Buenos Aires sino el país y que además es una sala que no está identificada con el jazz sino que es un lugar con tradición lírica, es un evento en sí mismo”, admitió el pianista. Y la elección de Marsalis tuvo mucho que ver con eso: “Lo que nosotros necesitábamos era tener un artista que esté a la altura del evento. Es decir, un artista que en sí mismo sea un evento”. Aunque Branford no será la única apuesta fuerte.
También formará parte de la velada el guitarrista Peter Bernstein que será el encargado -junto al cuarteto compuesto por el pianista Sullivan Fortner, el contrabajista Peter Washington y el baterista Billy Drummond– de realizar el concierto de apertura en el Auditorio de la Usina del Arte (el 10 de noviembre a las 20.30 horas). Iaies reconoció que quería traer a Bernstein desde hace tres años y que por distintas circunstancias se le hacía imposible. Por caso, recordó que “el año pasado, que estaba disponible, también lo estaba Pat Martino. Y, obviamente, opté por Martino porque era aún más difícil de traer”.

Objetivo: músicos del exterior
Lograr que músicos del exterior puedan tocar en el festival no es una tarea sencilla, sino que requiere de varias pautas que deben cumplirse al mismo tiempo. En primer lugar, Iaies remarcó que “el festival se ha puesto la premisa de traer músicos que no hayan venido antes”. Pauta que, según explicó, se cumplió en la gran mayoría de las veces y sólo se obvió cuando lo ameritaba la situación. “Con esta premisa nos aseguramos que todo lo que se esta invirtiendo permitirá que a la gente que le guste el jazz y que viva en Buenos Aires (o estén en la Ciudad) y no haya tenido la chance de viajar y ver músicos afuera, descubra todos los años músicos que, si no fuese por nosotros, tal vez no los descubriría”, apuntó.
Otro de los aspectos que señaló el director artístico fue la disponibilidad de los músicos. En este sentido, puntualizó: “No es que estamos hablando de personas que podés traerlo cuando querés, sino que son músicos con mucha agenda”.
Por último, Iaies sostuvo que uno de los aspectos que tiene en cuenta a la hora de seleccionar a los músicos de exterior es la diversidad. El pianista tiene muy presente que el festival que dirige es solventado con fondos públicos. Es por ese motivo que busca un espectro musical amplio. “Hay algo relacionado con la variedad, que tiene que ver con la ilusión de que el que quiere venir al festival sienta que el festival fue pensado para él”, aclaró. Los detalles son claves y se explican en la programación que se presenta todos los años. No es casualidad que la apertura esté en manos de un guitarrista y el cierre en la de un saxofonista. Tampoco es una coincidencia que el formato que presenta Bernstein no sea igual al que tuvo Pat Martino el año pasado. Iaies tiene en cuenta los estilos musicales de cada músico. Así, seleccionó a la pianista japonesa Satoko Fujii para los que les gusta el jazz de vanguardia, a Jim Rotondi para los que disfrutan del hard bop y a los músicos franceses (tal es el caso de Manuel Rocheman) e italianos (como Furio Di Castri y Antonello Salis) para el público que espera escuchar jazz europeo. Asimismo, busca incluir algo de la escena israelí, debido a que, según su visión, es “probablemente de las más potentes que hay en este momento, ya que hay una camada de músicos increíbles”. Parte de la programación internacional llega con algo de ayuda, gracias a los convenios que tienen con algunos países. Por caso, el de Austria. “Nosotros tenemos un muy buen acuerdo con la Embajada de Austria que todos los años nos paga los pasajes de un artista austríaco que elijamos de un listado que ellos confeccionan”, indicó Iaies y aclaró: “Para nosotros eso también es importante, porque cuando haces un festival estás lidiando entre lo que querés y el presupuesto que tenés. Que puedas resolver buena parte de los pasajes y de los gastos de producción con apoyo de las embajadas es importantísimo”. El apoyo no sólo es austríaco, sino también de otros países como Francia, Italia e Israel. “Este año, estamos trayendo a Branford porque estamos haciendo un esfuerzo gigante y porque tenemos un apoyo muy importante de la embajada norteamericana”, remarcó. Y el esfuerzo vale la pena. O al menos así lo dio entender Iaies cuando destacó que “en lo personal, mi mayor placer como director del festival es cuando traemos a una figura que injustamente, por los motivos que sean, nadie se ocupó de traer”.

Jazz local
Si la selección de músicos de afuera es compleja, la de los músicos nacionales no se queda atrás. Una de las premisas que tiene muy en cuenta el director musical es la de “darle la mayor visibilidad posible a lo que pasa en la escena local”. Un detalle no menor es que entre el 70 y el 75% de los músicos que presentan tocan en la Argentina. El desafío, en este caso, no es sólo programarlos, sino hacerlo en las mismas condiciones que con los artistas internacionales. Al respecto, Iaies apuntó: “El escenario del Parque Centenario, donde prácticamente todo lo que programamos es local, tiene el mismo backline que el escenario de la Usina”. Asimismo, destacó que “cualquier músico te va a decir que el backline que hay en ese escenario es buenísimo, así como la forma en la que están promocionados en el catálogo, el tiempo de prueba de sonido y las condiciones de trabajo en general”. Otra de las premisas, al igual que lo que sucede con los músicos de afuera, es la variedad a la hora de decidir quiénes tocaran. Para el jazz tradicional, Iaies cuenta con el aporte certero de Carlos Inzillo y su ciclo Jazzologia. Es una cuestión de confianza. “Le reconozco lo que él conoce del jazz tradicional y dejo que él se ocupe de que esa parte esté representada”, señaló. Además, el director artístico se preocupa por darle lugar a los músicos nuevos y, en algunos casos, hasta de hacer apuestas importantes. Por caso, recordó que Julia Moscardini no tenía grabado ni un solo disco cuando se presentó en ediciones pasadas. También explicó que en algunas oportunidades el apoyo llegó para músicos que estaban interesados en traer a artistas del exterior, como ocurrió con Rodrigo Domínguez (que solicitó ayuda para invitar a Mark Helias) o, este año, con el ofrecimiento de Alejadro Demogli para traer a South American (trío brasileño del que forma parte la leyenda Sizäo Machado). En estos casos, la colaboración del festival llega de la mano de clínicas, un buen cachet y un lugar en la programación, con la promesa de que los que ofrecen a estos músicos se encarguen de conseguir otros lugares para tocar. De esta manera, los artistas extranjeros tienen una buena posibilidad en el Festival y, además, hacen una mini gira por la Argentina. Eso aporta diversidad. Característica que se expande a los cruces. “No tenés solamente a los músicos que más se conocen”, sostuvo Iaies y añadió: “Este año tenemos a Nico Politzer, que no es de los bateristas más conocidos, un artista muy joven”. Y hablando de los “conocidos”, el director artístico puntualizó que “hay músicos que tienen que estar siempre”. En la lista incluyó a Ernesto Jodos, Juan Cruz de Urquiza, Mariano Loiacono, Daniel “Pipi” Piazzolla, Jerónimo Carmona y el mencionado Domínguez, entre otros. A pesar de su importancia, es muy detallista y por eso se preocupa de que estos músicos no se repitan. Es decir, que no hagan lo mismo año tras año. “El jazz, no es como en el rock, donde si un tipo tiene un nombre y está de líder después no aparece en otra situación. Acá puede aparecer como sideman, como partener de otro, dirigiendo un taller”, destacó. Por último, recordó que si bien no se hacen homenajes en el festival, tratan de darle lugar importante a las viejas glorias del jazz nacional. Como ejemplo de ello, destacó: “Ángel Sucheras va a estar cerrando el sábado en el Parque Centenario. Es un lugar de privilegio, ya que probablemente es el momento más fuerte de las funciones del Parque Centenario”.

Sorpresas y otras yerbas
Aunque para Iaies “las sorpresas están a la vuelta de la esquina”, sabe que hay dos conciertos que, por la poca difusión y conocimiento que hay de los artistas, van a sorprender al público: por un lado, consideró que uno de los que hará sobresaltar a la gente será el pianista israelí Omri Mor (que se presentará al frente de un trío -integrado por el bajista Gilad Abro y el baterista Noam David– en el Auditorio de la Usina del Arte el jueves 12). La recomendación de este músico llegó de una voz autorizada: Brad Mehldau. Fue el reconocido pianista estadounidense quien le habló muy bien de Mor. Y, por el otro, destacó a la cantante chilena Camila Meza (que comandara un cuarteto compuesto por el pianista James Francies, el bajista Rick Rosato y el baterista Jeremy Dutton el viernes 13, también en el Auditorio de la Usina del Arte). “Ella no sólo canta muy bien, sino que además toca muy bien la guitarra; es una virtuosa”, advirtió.
Las expectativas que tiene Iaies, son las que se pueden esperar de cualquier organizador: que la gente disfrute del espectáculo y que la pase muy bien. Pero, además, hay otra cosa que el pianista desea y es “que los músicos aprovechen la oportunidad de estar en el festival”. Sabe que el evento es una vidriera de sólo 6 días al año y que luego hay otros 359 días donde tiene que seguir sonando jazz. Por este motivo quiere que los músicos locales que se están mostrando “puedan hacer presentaciones que les sirvan para que la gente, luego, los siga apoyando y los vaya a ver durante el año”. La respuesta de la gente no se hizo esperar: en sólo un día compraron casi el 50% de las entradas que estaban a la venta. “Nunca nos había pasado que un cruce se agote en medio día. Y el cruce de Francisco Lo Vuolo, Urquiza, Washington y Drummond se agotó. El lunes a las dos de la tarde ya estaba todo vendido”, se sinceró Iaies. Y concluyó: “El crecimiento del festival tiene que ver con eso: cómo la gente se lo apropia, cómo la Ciudad se lo apropia, cómo pasa a ser una tradición de la Ciudad. Y que la gente ya sepa de qué se habla cuando hablamos del festival”.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com