La muerte siempre es inapropiada. Caprichosa. Y por lo general juega sus cartas en los momentos más inoportunos. Siempre con la premisa de saber que va a ganar. Hoy es un día muy triste. Hoy se fue Francisco Salgado. Existen muchas palabras para describir este momento: tristeza, bronca, impotencia, injusticia. Porque Francisco era un tipo que derrochaba alegría. Un tipo que tenía una fuerza arrolladora, no sólo arriba de un escenario, sino también en la vida. El cáncer es una verdadera mierda. No digo nada nuevo, tampoco deseo hacerlo. Porque esta nota no es para hablar de la muerte, ni del cáncer, sino para recordar a una persona que siempre se brindó con mucho gusto a una charla, a un consejo. Un tipo que colaboró mucho con quien escribe, aún desde las tanjentes. Nunca le pude hacer un reportaje. Pasamos poco tiempo juntos. Pero era para mí un amigo. Porque siempre te hacía sentir así cuando lo tratabas. Se fue un animal. Y lo vamos a extrañar muchísimo. Es difícil escribir cuando se está dolido. Las palabras no fluyen con la misma sensatez que cuando se habla de un disco, de un grupo, de la historia del jazz. Estoy muy dolido. Pero escribo porque es mi forma de despedirme. Es la forma que conozco. Tal vez la que me sale mejor. Y escribo también porque quiero compartir, con todos los que lo quisimos y respetamos, un abrazo enorme. Aunque sea de forma virtual. Aunque sea con unos simples caracteres.

Gonzalo Chicote