gatoLe decían “gato”, pero perfectamente podrían haberlo llamado “ingeniero”, ya que fue uno de los pocos músicos que logró imponer algo propio en la compleja maquinaria del jazz, esa en la que es más fácil ser una pieza que un creador.

Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932. En Santa Fe aprendió a tocar el saxo y a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires, siguiendo los pasos de su hermano Rubén (que fue contratado para tocar en la orquesta de René Cóspito).

La primera banda en la que participó profesionalmente fue en “Jazz Casablanca”. Tenía 18 años y un prometedor futuro. En 1953 brilló en la agrupación de Lalo Schifrin, pero necesitaba más. Tanto, que cuando el circuito argentino le quedó chico, decidió cruzar el charco -previo paso por Brasil- y se fue a probar suerte a Italia.

Fue en el país europeo donde conoció a Don Cherry. Según cuenta la historia, bastó compartir el escenario una sola noche para que formara parte de la agrupación permanente. Al menos así se lo contó el Gato al periodista Claudio Parisi en una entrevista realizada para sus programas de radio La Herrería (AM 1550) y Jazz & Black (FM Urquiza) que fue reproducida en el portal Argentjazz.

Siempre le gustó estar en la vanguardia. Cuando la discusión era swing o bebop, se mostró a favor de la música impulsada por Charlie Parker. Con Cherry llevó el free jazz a un nuevo escalón y se subió al tren de la revolución.

A fines de los años 60 llegó una nueva etapa en su vida. Junto a Charlie Haden y Carla Bley formó parte de “Liberation Music Orchestra” un disco registrado por Impulse Records que homenajeó a las víctimas de la guerra civil española y a Ernesto “Che” Guevara.

La década del 70 fue clave en su carrera. Saltó a la fama mundial llegó gracias al film “El Último Tango en París” de Bernardo Bertolucci. En aquellos años, también había encontrado su propio estilo musical, incluyendo en el jazz ritmos sudamericanos.

Ese sello único se puede encontrar en los siete discos que gravó en aquellos años. Tres de esos álbumes fueron registrados por Flying Dutchman (“Fenix”, “El Pampero” y “Bolivia”), mientras que el resto estuvieron a cargo de Impulse.

Con la salida de “Chapter One: Latin American”, “Chapter Two: Hasta siempre”, “Chapter Three: Viva Emiliano Zapata” y “Chapter 4: Alive in New York”, todos grabados por Impulse, Barbieri dejó en claro que se podían fusionar las raíces latinoamericanas con el género sincopado.

Todavía retumban los aplausos en el escenario de Montreux, cuando el Gato cantó “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Es muy probable que en aquel lugar, el público se haya dado cuenta que ese era el legado que dejaría. El jazz podía ir junto a Atahualpa y él lo había hecho posible.

Quienes asistieron al club de jazz Blue Note el 23 de noviembre de 2015 seguramente no sabían que fueron a su último recital. El pasado 2 de abril, a los 83 años, le dijo adiós a este mundo en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos), lugar donde pasó los últimos años de su vida.

Gonzalo Chicote
animalesdeljazz@hotmail.com